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TDAH - trastorno de déficit de atención con hiperactividad

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TDAH - trastorno de déficit de atención con hiperactividad

Mensaje  anako el Jue Oct 14, 2010 11:45 am

Cior, este es el artículo que os comentaba:


LA MEDICACIÓN INFANTIL, A DEBATE
¿Estamos drogando a nuestros hijos?
HENAR SASTRE
Las recetas de psicofármacos a menores están aumentando de forma alarmante. ¿Hasta qué punto están justificadas todas ellas? ¿Qué consecuencias pueden tener esos medicamentos en cerebros aún en formación? La polémica está servida.



Todo parece normal en la vida de Vicente Bueno, de 13 años, el menor de tres hermanos. El ambiente de su casa, en una urbanización en el sureste de Madrid, es el esperable a las siete de la tarde en una familia de clase media, con el típico desorden de mochilas y zapatillas de deporte en el salón. Todo es normal... hasta que echas un vistazo al botiquín, repleto de medicamentos. Una mirada experta vería enseguida que la mayoría tiene indicaciones psiquiátricas.


Aunque ninguno ha sido debidamente testado en menores (pocos fármacos lo están), son el pan de cada día para Vicente. Según nos explican sus padres, toma sertralina (un antidepresivo), para la ansiedad; metilfenidato (un derivado de las anfetaminas), para su trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH); el anticonvulsivo valproato (empleado en la epilepsia), para sus cambios agudos de humor, y clonidina (un antihipertensivo/antimigrañoso), para inducirle el sueño. En los últimos tres años, Vicente ha tomado más de 25 fármacos psiquiátricos diferentes por prescripción médica.


«Cuando veo todo lo que se mete mi hijo, me siento como si lo estuviera drogando», confiesa Teresa, la madre. «Sin embargo, sé cómo era antes, y el cambio que veo me tranquiliza. Creo que, sin los medicamentos, mi hijo no avanzaría en la vida. Dicen que muchos de estos fármacos tienen efectos secundarios. Espero que los beneficios a largo plazo superen a los riesgos.»


El de Vicente no es un caso anecdótico. Según el registro internacional de datos IMS MIDAs, España ocupa el tercer lugar del mundo (por detrás de EE.UU. y Canadá) en número de recetas de antidepresivos, ansiolíticos, estimulantes, antipsicóticos... extendidas a menores. La situación ha provocado un encendido debate, tanto entre padres y educadores como entre los propios profesionales de la medicina. ¿Son necesarias todas esas recetas? ¿Qué efectos secundarios puede tener el consumo crónico de fármacos psicoactivos en cerebros aún en formación? ¿Cómo se permite extender recetas de psicofármacos a menores, pero no se estudian sus efectos en ellos? ¿Cómo integrar el puzle de intereses industriales, comodidad para padres y profesores y beneficio real para los niños?


Algunos expertos lo tienen claro. «La mayoría de los niños españoles tratados con fármacos para el TDAH no están enfermos en realidad; han sido víctimas de un exceso en el diagnóstico, cometido por los psiquiatras, pediatras, neurólogos o pedagogos que los trataron y por sus propios padres, que demandan la pastilla mágica que acabe con los problemas», declara sin titubeos la psiquiatra Eglée Iciarte, colaboradora clínica docente de la Universidad Autónoma de Madrid. Iciarte no tiene reparo en denunciar «el empleo indiscriminado que algunos profesionales hacen de los psicofármacos en menores, un error que nace de la trivialización de los diagnósticos, por tratar un síntoma a nivel de enfermedad».


De momento, las voces de alarma no parecen calar hondo. Un informe publicado en la revista Archives of Disease in Childhood, que ha analizado la situación en España, Alemania, Francia, Argentina, Brasil, México, Canadá y EE.UU., indica un aumento de hasta el 70 por ciento anual en las prescripciones de psicofármacos a menores. Según sus autores, «el aumento no sólo se debe a un mejor diagnóstico; también a las grandes campañas de marketing de los laboratorios, que están relegando el recurso a tratamientos no farmacológicos, como la psicoterapia».




Jaime tiene 11 años, cursa sexto deprimaria y toma a diario metilfenidato para poder avanzar en sus estudios y en la vida. Tranquilo, con un coeficiente intelectual alto «y algo soñador», hace dos décadas ningún médico en su sano juicio le hubiera recetado un psicofármaco estimulante. Hoy es sólo uno de los miles de niños españoles tratados de déficit de atención, en su caso sin síntomas de hiperactividad (lo que se conoce como TDA). Trastorno casi desconocido hasta los años 90 –antes hubieran catalogado a estos niños como despistados, vagos o incapaces de llegar a nada–, hoy el diagnóstico de TDA y TDAH es uno de los de mayor crecimiento en Occidente. «Parte del aumento debe a que nuestra sociedad se ha vuelto intolerante a la diversidad», declara el pediatra Lawrence Diller, autor del éxito de ventas The last normal child (El último niño normal), con 20 años de experiencia en el tratamiento de problemas de comportamiento en niños. «Los padres de hoy quieren tener hijos no conflictivos y que se ajusten a un modelo preestablecido», añade. «Cuando no es así, algunos buscan un diagnóstico de TDAH y una pastilla; tienen poco tiempo para educar, ayudar a sus hijos a desarrollar habilidades de conducta, relación, eficacia funcional... De hecho, cada vez veo más padres que traen a hijos cada vez más pequeños por problemas cada vez más triviales.»


No habla por hablar. Uno de cada 25 niños está siendo tratado de TDAH en su país. A nivel mundial, la venta de fármacos para este trastorno se ha multiplicado por más de tres. «El drama en nuestro país no es el exceso de diagnóstico, sino todos los niños que mejorarían con tratamiento y no lo reciben», sostiene por su parte el doctor César Soutullo, consultor clínico de la Unidad de Psiquiatría de la Clínica Universitaria de Navarra. «La media de retraso diagnóstico del TDAH en España es de unos cinco años y apenas el 50 por ciento de los afectados está diagnosticado; es un tiempo perdido valiosísimo, porque son los años donde se concentra el máximo de aprendizaje», afirma. «El diagnóstico riguroso es absolutamente esencial, y éste sólo puede hacerlo un psiquiatra, un pediatra o un neurólogo con experiencia dilatada. No hay que confundir déficit intelectual o cognitivo con TDAH y no se puede tratar con estimulantes un problema que no lo requiere.»


En el medio de la polémica, Mercedes y Alfredo, padres de Jaime, hablan de resultados: «La pastilla que toma (metilfenidato de liberación lenta) ha supuesto un antes y un después en la vida de Jaime. Con el tratamiento –y los resultados se vieron en una semana–, nuestro hijo no sólo ha ganado en capacidad para gestionar su trabajo y su tiempo o en sentido del orden..., sino que su autoestima y su carácter han mejorado». Las notas también son mejores, pero es lo que menos les importa. «Lo peor era la infelicidad del chaval al ver que no podía desarrollar sus capacidades, no sólo en el colegio, sino en todas las facetas de su vida», aclara Mercedes. Ella y su marido saben que el tratamiento no está libre de efectos secundarios, como insomnio, pérdida de apetito, menores tasas de crecimiento..., «y de hecho nos costó dar nuestro consentimiento», pero el médico les ha explicado que, en el caso de Jaime, «los beneficios son superiores a los riesgos».


«Otros lo tienen peor –comenta Mercedes–. Cuando el trastorno de déficit de atención conlleva hiperactividad o trastorno de oposición desafiante (con sentimientos de hostilidad, ira, desafío...), es mucho más difícil de sobrellevar.»


Clara y Alberto saben de qué habla. Desde pequeño, su hijo Gonzalo, ahora con diez años, tenía ataques de ira y desobedecía por sistema. Juguetes destrozados, irritabilidad y comportamientos de riesgo –como clavar las tijeras a su hermana de tres años, por suerte en un muslo– eran rutina en Gonzalo. «El tratamiento (una pastilla diaria de metilfenidato junto con otra de un antidepresivo, una más de un antipsicótico y sesiones de psicoterapia) nos ha traído la paz a todos», apunta Clara. «No sabemos cuánto tiempo deberá seguirlo. Nos han dicho que, en la mitad de los casos, la hiperactividad se resuelve con los años; creen que el resto de los problemas los irá superando. Por suerte han quedado descartados daños orgánicos en el cerebro. En cuanto a los efectos secundarios, esperemos que sean lo más leves posible.»
Según datos de la Comisión Europea, entre el 50 y el 90 por ciento de los medicamentos nunca ha sido ensayado en menores. No es sólo desinterés. Los menores son considerados «vulnerables» y los comités que evalúan los ensayos son más rigurosos en ellos. En España, quienes investigan con chavales deben, además, informar a la Fiscalía de Menores. Mientras cambia la normativa, miles de pequeños siguen tomando fármacos jamás experimentados para su edad. Afortunadamente, hay indicios de cambio. La Agencia Europea del Medicamento está coordinando iniciativas para la investigación de fármacos en menores.


De momento, lo que sabemos ya invita a la prudencia. Una revisión de estudios con antidepresivos ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) indicaba mayor riesgo de pensamientos y actos suicidas en menores que los tomaban que en los que ingerían placebo (el mayor riesgo parece concentrarse en los primeros meses de tratamiento, porque el niño recupera la energía antes de que se resuelva la depresión). Otro estudio, éste con animales, indica que esa misma familia de antidepresivos puede afectar al desarrollo del cerebro en edades tempranas y aumentar el riesgo de depresión. En febrero pasado, las autoridades sanitarias norteamericanas (FDA) emplazaban a los fabricantes de fármacos empleados en el TDAH a que crearan guías para pacientes con las que alertaran de los posibles riesgos cardiovasculares y de los síntomas psiquiátricos (ansiedad, manía, alucinaciones…) derivados de su consumo. «Un niño no es un adulto en miniatura –declara María Jesús Mardomingo, jefe de Psiquiatría y Psicología Infantil del hospital Gregorio Marañón de Madrid y presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría Infanto-Juvenil (Aepij)–. Sin investigación no podemos saber qué fármacos son eficaces en menores y cómo hay que prescribirlos. Por otro lado, dejar a los niños huérfanos de tratamientos no es protegerlos, sino todo lo contrario. De momento, la regla de oro es el rigor y la experiencia del médico», aunque en España no existe la especialidad de Psiquiatría Infantil, «el único país de la UE, junto con Letonia», explica.


Otro gran interrogante son las consecuencias de los cócteles de psicofármacos que se recetan hoy a los niños. Según un estudio encargado por The New York Times, más de millón y medio de menores norteamericanos toman al menos dos fármacos psiquiátricos conjuntamente. De ellos, más de medio millón consume al menos tres. Más de 160.000 ingieren cuatro a la vez. Algunos grupos, como la Regional Humanista Europea, ya se están movilizando para frenar el tsunami de recetas `triviales´ que se prevé a este lado del Atlántico. Giorgio Schultze, portavoz del grupo, se declara preocupado por que muchos menores estén siendo tratados con psicofármacos «debido a que los padres temen que, de no hacerlo, expulsen a sus hijos del colegio». «Antes de importar tendencias, deberíamos informarnos bien», dice Schultze. Casos como el ocurrido en diciembre pasado en Boston podrían animarnos a ello. Ese día, la Policía encontró a Rebecca, de cuatro años, muerta en la habitación de sus padres, junto con su osito de peluche. El fiscal acusó a los padres de haber intoxicado a la niña con sobredosis de psicofármacos que la pequeña tomaba desde los dos años de edad, cuando le diagnosticaron trastorno bipolar y TDAH. El caso ha conmocionado a la opinión pública, porque las autoridades ya estaban investigándolo, pero seguían enzarzadas en discusiones estériles con el psiquiatra que trataba a la niña, en vez de proteger a la menor. En la resaca del caso, muchos psiquiatras y neurólogos empiezan a pensar si no habría que recetar psicofármacos a menores sólo a la luz de evidencias científicas y después de haber probado con otros métodos no farmacológicos. «No se pueden recetar psicofármacos para resolver problemas existenciales o para que un niño se porte bien», concluye la doctora Mardomingo. Los psicofármacos tratan problemas psiquiátricos; y éstos sólo puede diagnosticarlos un profesional de la medicina con experiencia. En cuanto al consumo indiscriminado, no existe ninguna evidencia que demuestre que la combinación de fármacos psiquiátricos en niños o adultos sea eficaz y ni siquiera apropiada.»

Marisol Guisasola





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Re: TDAH - trastorno de déficit de atención con hiperactividad

Mensaje  Ziber el Jue Oct 14, 2010 12:00 pm

La mayoría de los que consideramos "genios", hubieran dejado de serlo: eran malos estudiantes y especialmente despistados.
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Re: TDAH - trastorno de déficit de atención con hiperactividad

Mensaje  Cior el Jue Oct 14, 2010 2:13 pm

Pero el artículo -una vez más- es aterrador. No existe experimentación alguna, lo poco que se sabe sobre la ingesta del ISRS es que aumenta la tendencia suicida, y como siempre, España es con Letonia el único país sin especialidad en Psiquiatría infantil Shocked .

¿Cómo es posible que los profesionales hagan un uso tan indiscriminado de fármacos psicoactivos en críos?

Gracias por el artículo, Anako. Revelador.
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Re: TDAH - trastorno de déficit de atención con hiperactividad

Mensaje  Fergar el Sáb Jun 18, 2011 11:57 am

Creo que es un buen vídeo sobre el sistema educativo:


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Re: TDAH - trastorno de déficit de atención con hiperactividad

Mensaje  anako el Sáb Jun 18, 2011 6:25 pm

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Re: TDAH - trastorno de déficit de atención con hiperactividad

Mensaje  anako el Lun Jun 20, 2011 3:16 pm

Muy interesante el programa. Andaba buscando una conferencia de Ken Robinson que vi hace unos años para dejarlo aquí y no recordaba el nombre del susodicho.
Gracias al vídeo que dejó Knabix de la Dra. Jill Bolte Taylor (http://www.youtube.com/watch?v=wsvlhmdFulU), lo he encontrado (quizás en su día lo dejase en el foro de las aldeas...):



Última edición por anako el Lun Jun 20, 2011 3:32 pm, editado 2 veces
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Re: TDAH - trastorno de déficit de atención con hiperactividad

Mensaje  anako el Lun Jun 20, 2011 3:19 pm

Conclusión:
fusionando ambos mensajes -Dra. Jill Bolte Taylor y Sir Ken Robinson- lo que es obvio es que estamos anulando y atrofiando el funcionamiento del hemisferio derecho del cerebro. Precisamente ése que tanta importancia tiene en la creatividad, la espiritualidad, el que se ha trabajado durante milenios a través de disciplinas orientales.
Nuestro sistema educativo está anulando nuestra esencia.

Nada que no hayamos sentido ya alguna vez...

Y, a base de pastillazos, ¿qué hacen? ¿matar también el izquierdo?
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Re: TDAH - trastorno de déficit de atención con hiperactividad

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