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El Rey y sus discursos: Así no, Juan Carlos ¡No, no te queremos de ninguna manera!

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El Rey y sus discursos: Así no, Juan Carlos ¡No, no te queremos de ninguna manera!

Mensaje  Ziber el Mar Ene 18, 2011 10:51 am

Teodulfo Lagunero

En mi artículo anterior decía que el rey Juan Carlos es como si hubiese dado un golpe de Estado. Recibió y, por lo tanto, apoyó el manifiesto “Declaración transforma España” que, horas después ratificó el jefe del Gobierno recibiendo al “selecto” grupo de empresarios y banqueros -muchos de ellos venían de estar con el rey-. Decía en mi artículo que este tejemaneje de empresarios, banqueros, el rey y el presidente del Gobierno recordaban la reunión del rey con los políticos después del golpe de Tejero del 23-F, que encauzó más la Transición por el camino que marcaban las fuerzas no representativas democráticamente. Decía que había llegado el momento de decir ¡basta! ¡hasta aquí hemos llegado” Pues bien, todavía les ha parecido poco a todo ese, ahora sí, contubernio monarca-empresarios y el gobierno postrado al neoliberalismo. Vuelve el rey a la carga el día de Navidad con su mensaje. Se salta a la torera -forma clásica de borbonear- sus obligaciones constitucionales que le obligan a ser imparcial, única manera de poder ser “árbitro” para insistir y ratificar su golpe de Estado tomando partido a favor del neoliberalismo -léase bancos, banqueros, grandes empresarios, especuladores- que han impuesto sus normas al gobierno de España haciéndole que abandone su programa e ideología socialdemócrata para que, arremetiendo contra el Estado de Bienestar, y, por encima de la soberanía popular, se implante medidas económicas que no solo favorecen a ese conglomerado de explotadores sino que también favorecen a Alemania y Francia contra los interese del resto de Estados Europeos. Medida que, tal como confirman miles de economistas no vendidos a intereses espurios, -entre ellos tres premios Nóbel de economía-, son, no solo contraproducentes, sino contrarios a los intereses de los pueblos, que están pagando los vidrios rotos del crack del capitalismo con millones de parados, reducción de salarios, congelación de las pensiones, reducir el sueldo a los funcionarios, disminuir las inversiones en infraestructura, inversión y obras sociales. En vez de subir los impuestos a los ricos, directa o indirectamente los bajan.

Sencillamente, el discurso del rey, es pedir que se de más leña a los de abajo para que vivan mejor los de arriba y se asegure que la gran banca cobre los créditos de la deuda de los Estados, deuda que, además, se creó como consecuencia de la especulación capitalista con las inversiones en salvar la banca en crisis por sus especulaciones salvajes. Sí, eso es lo que ha hecho el rey, tomar partido a favor de los de arriba, saltándose, repetimos a lo “Borbón”, su obligación constitucional de reinar y no gobernar, de no tomar partido. En este caso, entre la deuda y la recuperación económica que resuelva el problema del paro, ha tomado partido por la deuda, que es lo que exigen los mercados, esto es, los bancos, banqueros, multinacionales y especuladores.

El rey, mientras lee mal su discurso, está recostado sobre figuras de un belén religioso. Deja de ser jefe de un Estado laico para apoyar a bancos, banqueros y grandes empresarios; para apoyar a Alemania y Francia frente a los intereses de España y tiene el tupé cínico de hablar lastimosamente de parados y jóvenes sin perspectiva de futuro. Solo le faltó una falsa lágrima de cordero.

Sí, ha llegado la hora de que todos apoyemos el proceso constituyente “político” que invalide una constitución que ya no la ha votado más del 80% de la población española con derecho a voto, y que se abra un proceso constituyente mediante unas elecciones libres y democráticas en la que todos los ciudadanos tengan los mismos derechos y sus votos representen lo mismo.

Estamos hablando de Juan Carlos, rey Borbón, cuya dinastía el pueblo español echó cuatro veces de España, pero que, por una conjunción de factores históricos, políticos, sociales, y estratégicos en plena guerra fría, se vio subido al trono que previamente le había señalado un dictador asesino que dispuso de lo que no era suyo ni tenía ningún título ni legitimidad para dárselo, pues su poder provenía de una traición; una guerra sangrienta y cruel; la implantación del terror conjuntamente con la truhanería internacional de la cobardía de las democracias y la venta de nuestra patria a los ejércitos nazis y fascistas y a una legión de hambrientos moros que venían a saciar su odio y ansias de rapiña contra un pueblo, el español, cuyos ejércitos y generales habían machacado sus cavilas y villorrios violando a sus mujeres, que ahora tenían la ocasión de vengar. Dictador sangriento al que manifiestan el rey y la reina su respecto y admiración, queriéndolo justificar como agradecimiento.
Ya que hablamos de los Borbones, hagamos un poco de historia. Leamos a Juan Eslava: La implantación en España de la dinastía Borbón mediante el rey Felipe V, supuso traer una dinastía que mantendría a España en permanentes guerras en Europa defendiendo sus intereses dinásticos -y los de Francia, de donde procedía-. Supuso que reinase una dinastía con una perturbadora herencia genética, pues el primer Borbón, Felipe V era biznieto de nuestro Felipe IV, hijo de una esquizofrénica y nieto de una loca. Esta dinastía también padecía las taras resultantes de la consanguinidad de sus antepasados.

Así, esos Borbones, fueron proclives a las depresiones y a la locura y, a la mayor parte de ellos les dio por joder a calzón quitado, que es, como se sabe, la fijación de los bobos. El fanatismo religioso de estos reyes, que, como escribió su ministro Alberoni “solo necesitan un reclinatorio y una mujer” o también como dijo alguien sobre Felipe V: “pasa dos veces al día de los brazos de su mujer a los pies de su confesor” Este primer Borbón reinó dos veces, siempre dominado por mujeres, la princesa de los Ursinos y su segunda mujer que le agotó hasta la locura en la cama, mientras ella hacía guerrear a España en Europa en busca de reinos para sus hijos, ya que el primer matrimonio del rey hacía que fuesen sus anteriores vástagos los herederos. La historia cuenta cómo los tejemanejes de los Borbones provocaron la primera gran guerra europea: Inglaterra, Holanda, Austria, Prusia, Hannover y el Imperio contra los Borbones de España y de Francia, pues engañada la reina creyó conseguir para uno de sus hijos el trono de Austria, lo que colmó el vaso que provocó esa primera guerra europea. Ésta se cebó en España provocando también una guerra civil -¡cuántas guerras civiles debe España a los Borbones!- El pretendiente austriaco, el archiduque Carlos desembarcó en Lisboa y emprendió la conquista de España apoyado en el partido austriaco, –legión de descontentos aragoneses, catalanes y valencianos, a los que el Borbón había recortado privilegios forales- la nobleza y la iglesia -¿cuántas guerras civiles debe España a la Iglesia?- En esta guerra se fragua la decadencia de nuestra escuadra amedrentada por la anglo-holandesa que saqueó nuestras costas y nos robó la plata que nuestros barcos seguían trayendo de las rapiñas a los pueblos americanos, para -con versos de Quevedo- morir en Madrid y ser enterrada en Génova. Perdida Madrid y Barcelona en esa guerra, con el apoyo francés terminó ganando el Borbón que se vengó de sus enemigos aboliendo fueros y franquicias de Aragón, Valencia y Cataluña. Ciertamente, que el nacionalismo catalán sigue respirando por la herida que le infringió el primer Borbón. Si éste triunfó en España se perdieron, sin embargo, las posesiones europeas de Bélgica, Luxemburgo, Milán, Cerdeña y Nápoles, así como Gibraltar -que ahí sigue siendo inglés-. No sigo con este desdichado Borbón, aunque podría recordar tantas y tantas cosas. No quiero hacerme mala sangre. Ante la locura, ya insoportable del rey, que olía a mierda, pues durante meses ni se lavaba ni se cambiaba de ropa, fue forzado a abdicar a favor de su hijo Luis, que ese sí que fue Luis el rey “breve”, -por desgracia no el actual Juan Carlos-. Luis solo reinó ocho meses que pasó entre ventas, prostíbulos y borracheras, volviendo a reinar aquel desastre de Felipe V.

Dejo aquí la historia de los Borbones con este desdichado primer Borbón, para en un segundo capítulo seguir haciendo historia de tal nefasta dinastía, que aún hoy reina en España sin que al rey le haya elegido ni ratificado el pueblo soberano.

Luego, con ocasión de la Pascua Militar, ése Borbón ha vuelto a tomar partido: pide que no se resienta con la crisis los medios económicos que se destinan al ejército para que éste pueda seguir cumpliendo su sagrado deber. ¿Cuál? ¿Para qué ese poderoso ejército? Nos bastaría con mantener, como decía la Constitución republicana de 1931, España somete sus posibles discordias con sus vecinos a las normas del Derecho Internacional. España como Costa Rica, no necesita para nada un ejército. ¿Por qué se botan grandes barcos de guerra? ¿Dónde y cuándo los vamos a necesitar? Pensemos las astronómicas inversiones que hacen falta para poner en el mar cada uno de estos grandes barcos. Luego, lo que cuesta mantenerles: pagar los sueldos de marinos y oficiales, gastar cantidades ingentes de gasoil que importamos a precios de escándalo, paseándolos por los océanos perjudicando a sus aguas y al medio ambiente. Sí, también este Borbón ha colmado el vaso, ya lleno de su desafuero. ¡Referéndum sobre República o Monarquía, ya!.

Aprovecho la ocasión para, apoyado en “mi báculo más corvo menos fuerte” que cantó Quevedo, desear a los lectores de LaRepública.es un feliz año 2011 y que en éste se cumplan todos vuestros deseos, personales, también nacionales, que, estoy convencido, son como los míos, esto es, no el deseo sino el afán de que este año se termine esta vez para siempre la dinastía Borbón. Luchemos hasta conseguir que 2011 nos traiga la tercera República Federal progresista. Salud.

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Re: El Rey y sus discursos: Así no, Juan Carlos ¡No, no te queremos de ninguna manera!

Mensaje  anako el Sáb Jun 18, 2011 6:08 pm

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