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Narciso, maltrecho

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Narciso, maltrecho

Mensaje  Cior el Lun Jun 07, 2010 7:15 am

Sin una orientación social que la democratice, la Unión Europea no vale la pena



Apenas hemos entrado en la fase dos de la crisis, la primera fue el shock producido por la estafa bancaria, ahora comienza la del recorte social para pagarla, y ya todo cruje en Europa. Se generaliza el recelo nacional, un caramelo para la extrema derecha; de los alemanes hacia los griegos, de estos hacia los alemanes, de los perfectos del Norte, hacia los manirrotos del Sur. El vital eje franco-alemán está tocado.

La sorpresa es general, ¿por qué esta sensación de derrumbe en el maravilloso y prometedor templo europeo?

Ese templo se tambalea porque se construyó sobre intereses mucho más vinculados al capital que a lo social. Por eso ha bastado un terremoto en la esfera del capital para que el edificio muestre su fragilidad, ejemplarizada por la actual situación del euro. Como explica el Profesor Michael Hartmann, esa construcción no fue un problema de "codicia" ni "del sistema", sino una cuestión de intereses.

En los últimos treinta años se ha producido una enorme concentración de fortunas e ingresos que amplió la desigualdad, tanto en Estados Unidos como en Europa y en el mundo. Además, la duplicación de la mano de obra global, con la integración del bloque del Este, China e India en la economía global, alteró la correlación de fuerzas entre capital y trabajo en perjuicio del segundo. Paralelamente, la presencia de la clase alta (el 10% que concentra el grueso de los patrimonios y los ingresos más altos), o media alta, en los gobiernos, se hizo aplastante. A partir de Ronald Reagan y de Margaret Thatcher se llegó al 80% y 70%, respectivamente. En Alemania el fenómeno ha sido menor, pero también es muy significativo. Ahora, al intentar introducir cambios estructurales en el sector financiero que impidan una repetición de la crisis, se choca con los intereses de quienes se beneficiaron de ese estado de cosas durante veinte años.

Resurrección del discurso fallido
Una de las conclusiones que se extrajeron de la quiebra de 2008 fue la de la muerte del llamado "neoliberalismo". Sin embargo, el fracasado pensamiento neoliberal, como el Cid, continúa ganando batallas después de muerto. Como una gallina que sigue andando convulsivamente por el corral tras haber sido decapitada, su discurso propone instintivamente arrasar lo social para salvar el capital, e incluye algún parche retórico sobre la necesidad de "reformar los mercados".

En el centro continental del mercado europeo, la Canciller Merkel lanza el mensaje: la "raíz del problema", dice, es que, "muchos países de la euro zona competitivamente débiles han vivido por encima de sus posibilidades y han caído así en la deuda". "También nosotros en Alemania hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Esa es la verdadera causa del problema", dijo el 19 de mayo ante el Bundestag.

En Alemania la salvación de los bancos ascendió a 480.000 millones. Uno solo de ellos, el HypoRealEstate de Munich costó 110.000 millones. En contrapartida, el gobierno alemán dedicó 14.000 millones a dinamizar la economía distorsionada por la estafa bancaria, repartidos en dos años, 2009 y 2010. Es decir, los alemanes se gastaron 34 veces más en salvar a los bancos que en dinamizar la economía popular. Sin embargo es este gasto público lo que Merkel señala a nivel europeo como responsable de la crisis del euro.

El absurdo discurso obvia preguntarse quién ha vivido por encima de sus posibilidades, quién está contenido en el "nosotros" citado por Merkel, y cuál es el origen de los 98.600 millones de la deuda pública alemana, o de sus correspondientes de otros países europeos ¿Tienen los bancos y los intereses de los más ricos algo que ver, o, por el contrario, el problema son los funcionarios, los jubilados, los receptores de ayuda social, o los jóvenes griegos que trabajan por 500 euros y no pertenecen al 20% de desempleados juveniles de ese país? Siguiendo con cifras alemanas, ¿se trata de la estafa de los 480.000 millones, o de los estímulos de 14.000 millones? El discurso neoliberal resucitado, que es el discurso de los bancos y de los más ricos explicando las consecuencias de su propio desbarajuste, afirma que se trata de lo segundo. Como la injusticia es flagrante, Merkel incluye en su discurso vagas voluntades de gravar con impuestos las transacciones financieras, que la presión va concretando. Pero todo muy por detrás del verdadero problema: el desmesurado gasto público-social.

Incapacidades
La clase política europea que a lo largo de una generación construyó esta Europa a la medida del capital, está muy mal dotada para proponer un nuevo discurso. En 2009 una huelga general preventiva contra la estafa bancaria, simultánea en varios países europeos, habría cambiado las cosas. Habría incentivado e inducido al establishment hacia otras recetas. Pero ese escenario se dejó pasar ¿Cual debería ser el nuevo discurso y el nuevo programa europeo?

Sus elementos son conocidos: keynesianismo, política social orientada hacia el pleno empleo, regulación de los mercados financieros e incorporar un gobierno económico a la UE capaz de actuar contra la especulación, bancaria o del ladrillo. En términos generales, afirmar la prioridad de lo político sobre los mercados. Poner por delante la Europa social, los intereses generales de la mayoría, sobre la Europa del capital y de las multinacionales cuyo horizonte es inestabilidad y belicismo. En resumen: democratizar la UE. En esas condiciones, o con esa perspectiva, el pacto social sería aceptable y asumible, pero la historia enseña que es improbable que se llegue a ello sin fuertes presiones de abajo.

Decíamos que la primera fase de la crisis fue el shock por la estafa bancaria y que la segunda y actual es la del recorte social para pagarla, que será mucho más dura en Grecia que en España y más dura en Italia que en Alemania o Francia, pero que se notará en todos los países. La tercera fase podría ser la de la protesta. Tanto en Alemania como en Francia hay condiciones para nuevos "gobiernos de izquierda" después de Sarkozy y Merkel. El problema es que la izquierda europea está muy debilitada y apenas existe, porque, como dice Étienne Balibar, "se rindió a los dogmas y la racionalidad del neoliberalismo y con ello se desintegró ideológicamente". En esas condiciones no puede despreciarse que el descontento ante el injusto pago de la factura de la crisis desemboque en racismo y xenofobia.

El movimiento social que falta en Europa debería eludir ese peligro y al mismo tiempo lograr que los posibles futuros gobiernos de izquierda fueran de verdad de izquierdas, es decir que asumieran el nuevo discurso y programa europeo sin el cual la Unión Europea deja de tener todo sentido.

Imagen y realidad
La UE nació en la posguerra de una idea razonable, después de la mayor, más destructiva y bárbara guerra de la historia que era glorioso colofón de una catastrófica secular tradición bélica-imperial, por lo menos comparada con el Asia oriental sino céntrica. La idea era dejar atrás aquel mundo poniendo en común el motivo por el cual los europeos guerreaban entre si: el poder y los recursos. Fue así como nació el mercado común. Luego todo eso se elaboró hasta llegar a lo que hoy nos explica la UE en su web:

"La UE es una organización abierta al mundo, fundada sobre unos valores comunes de libertad, democracia, Estado de derecho y respeto a los derechos humanos, que tiene por finalidad la consolidación de una Europa próspera y segura, dotada de voz propia en la escena internacional".

Construyendo Europa a la medida del capital, la UE se convirtió en un Narciso pretencioso. Se creía moralmente superior y más sabio que los Estados Unidos, en el fondo despreciados como Grecia despreciaba a Roma. Con la crisis, el Narciso europeo, enamorado de su propia y aparente belleza, muestra un rostro mucho más feo del pregonado, un rostro que tiene muy poco que ver con lo que nos explica en su página web.

La verdadera UE no sólo es belicista y subalterna del Sheriff mundial en política exterior, sino que la crisis la va a hacer aun peor: mucho más asocial, injusta y desigual. Desde el otro lado del Atlántico, Roma, instalada en su propia decadencia, nos contempla con malsana satisfacción. A pesar de todos los pesares, Grecia es nuestra única oportunidad.

Rafael Poch
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